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Mostrando las entradas de noviembre, 2023

XI

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XI Tengo un cansancio como si me hubiera caído un país entero encima. Ayer ganó, al margen del candidato, un proyecto que sostiene que algunas vidas, algunas muertes, algunas identidades, algunas lenguas, valen más que otras. Y que está bien aniquilar la diferencia, devastarla, fragmentarla hasta desaparecerla. Sería mentira si no reconociera, en la raíz de esa tristeza profunda, una incomodidad más antigua por no haber podido torcer -un poco siquiera- la desigualdad y la deshumanización en la que estamos. sumides hace tanto  No es que no comprenda cuán efectiva es la violencia estructural a la que,  día tras día, estamos sometides. Pero siento que nos debemos construir espacios colectivos para reflexionar sobre cuánto tiempo más nos vamos a bancar, por fuera de nuestros privilegios (sean cuales sean), que lo común sea un privilegio, que los derechos sean una ficción para tanta gente, que el derecho a futuro sea más un slogan que algo posible en la vida de tantas generaciones...

VIII

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No sé por qué siempre me encantó subdividir así los textos. Creo que me genera proximidad con lo inconcluso, con que lo breve, aunque inacabado, puede ser hermoso y potente. No confío en que las cosas aparezcan armadas de una vez. Me parece más honesto decir que lo que escribimos, lo que pensamos, lo que hacemos, la mayoría de las veces, lo vamos haciendo.  Me gusta la noción de composición. Componer a partir del desecho, del descarte, de los fragmentos, algo más. En eso coincido con María Pía López: hay que trabajar con los restos materiales, con eso que tenemos a disposición en el mundo y, desde allí, animarnos a componer otro. Pero qué difícil me resulta asumir el valor de lo que tengo para decir.  Me gusta pensar en la escritura, en la vida, en las existencias que se componen desde las costuras.  ¿No es, incluso, más amable con nosotres mismes y con les otres asumir que nos conecta una inexorable fragilidad? No me acuerdo ahora si fue Garcés o Haraway las que sembraro...

A alguna de las que fui

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  Vas a llegar demorada a la oficina y, antes de poder compartir que fue porque alguien se tiró bajo el tren, te van a decir que es tu culpa por haber calculado mal el tiempo. Vas a guardar silencio aunque, en el fondo, vas a pensar que son todos una manga de trogloditas que se miran el ombligo y vas a renunciar a seguir siendo quien sistemáticamente (re)pone sus bolas sobre la mesa para que haya perspectiva.   Vas a confrontar internamente con el delicado límite de mandarte a mudar o respirar profundo para que no se te escape el llanto. Vas a barajar y dar de nuevo, aunque sepas que la partida está perdida de antemano.  Cerca del mediodía, vas a levantar la vista y mirar a los ojos como si te importaran las disculpas por el tono desmedido y el abuso de poder.  Vas a levantarte, como hacés regularmente, y preguntar si alguien quiere comer bajo el gomero, sabiendo que nadie, nunca, abandona su sitio por miedo a que alguien más ocupe su lugar. Mientras bajás la e...

Abrazando en red

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Poéticas visuales de un tiempo/espacio compartido con estas increíbles compañeras. Ayer fue uno de esos días bisagras, que dejan huella, días de sentir el profundo agotamiento en iguales proporciones que el gozo y la felicidad de hacer con otras, para que la vida pueda tramarse desde otros posibles. La dimensión íntima, afectiva, situada es una elección y una disposición a "pensar, sentir, hacer" en simultáneo como gesto político, epistémico, metodológico. Es también una disposición a dejarse conmover en la escucha personal y colectiva y aprender formas entramadas, menos solitarias, menos mezquinas, de habitar la propia vida. Comparto con muchas de estas mujeres experiencias tan constitutivas como dolorosas. Gracias a todas por estos espacios tan indispensables en ésta -y todas- las épocas . Esto resuena en nuestras apuestas de investigar sin desentendermos de la dimensión íntima, política, creativa, vincular y afectiva que implica colectivizar el hacer, discutir, desencon...

Cuaderno de campo

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"Dibujé un mapa para saber donde estoy", me dice Brenda, al tiempo que abre el cuaderno gris que Dani le regaló para su cumpleaños 31. Un tiempo antes me había dicho que todavía no sabia qué uso darle. "Tiene que ser para algo importante".  El cuaderno arranca con ella situándose en la cooperativa. Pero es más que eso. Sitúa su anhelo de ser reconocida en su experiencia y en su profesión. Y, por primera vez, abre que eso, tal vez, no suceda allí. Brenda me pregunta entonces si alguna vez sentí que no podía asumir mi lugar. No me hace falta pensar mucho para responderle que sí. Pero no me extiendo, entonces, como queriendo profundizar en la conversación me dice si yo también no supe cómo asumir la palabra propia "aunque es mi culpa, porque no digo". Si alguna vez, me tuve que callar aunque supiera "mejor que otres" lo que hacía falta.  ¿Cuánto de su malestar pone en evidencia las formas descuidadas que tenemos de "movilizar" a otres haci...

Fragmentos de reflexiones liminales

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Convertir la voz en ternura, dice María Sánchez, como forma de construir nuestro hogar. Pienso en mi hogar como un tejido de manos, de vidas, de gestos y deseos que me anteceden.  En la profundidad de visión de mi bisabuela, Pierina Anino,   11 de abril, impulso de fuego conecto con la fuerza del deseo.  Hace unos días me topé con una foto de ella: Todo su cuerpo es dulzura, a pesar de su aparente rigidez. Su vestido hecho con sus propias manos. Las mismas que  caen suavemente en los hombros de sus  primos, manos protectoras y laboriosas.   Su presencia es deslumbrante. Su cabeza, parece salir de una corona de flores y, algunas flores, parecen devenir mariposas a partir del impulso que produce el contacto con ella. Su mirada me cautiva y me lleva a su casa en rosario.  Los azulejos celestes, en la cocina, mientras prepara los mates para jugar a la escoba del 15,   "corte y pise vea la trampa que le hice". Quisiera entender hacia dónde debo ir. Pid...

«Cuaderno de campo», de María Sánchez (La Bella Varsovia)

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Algo así tiene que ser el hogar: Oír fandangos mientras las ovejas van tras sus corderos Rebuscar con los dedos las raíces Ofrecer a los tubérculos los tobillos Convertir la voz en ternura y en presa Prometerme una y otra vez que nunca escribiré en vano un libro con las mismas  manchas.  

Territorios poéticas. Carpeta gráfica, 2023.

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Taller de experimentación visual, a cargo de María del Mar Mayo.   

Pausa

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A veces demoro en hacer las cosas que me gustan, las hago de a fragmentos, veo el mapa y voy haciendo pequeños gestos, componiendo de a partes. Lo vivo como un derecho a poder permanecer en las cosas el tiempo que me lleve comprenderlas. Pero también como una matriz íntima de contacto con mi propio deseo.  No quiero que la vida se me escurra en urgencias.  Entonces, reinvento el tiempo. Hago más lento aquello que podría "sacarme de encima rápido". A veces pienso que es una apuesta por sostener el goce y el disfrute como algo cotidiano.  "¿Y no se te escurre la vida, el pulso vital y creativo en esa espera?," me dice esa voz habituada a no tener margen. Pienso mucho en que lo que no se dice a tiempo,  que no aprendemos a sacar en ciertas circunstancias, se pierde o pierde su potencia. Hay, paradójicamente, un tiempo para las cosas y, por momentos, no sé cómo conciliar.   Hoy, sin ir más lejos, amanecí saturada mentalmente. Teniendo como pájaro carpintero el tan -...

¿Empezaron a escribir?

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¿Cuándo se empieza a escribir?  ¿Cuando las cosas adquieren sentido? ¿cuando, en cambio, agudizamos los sentidos y nos dejamos conmover / afectar?  O será que, tal vez, necesitamos dejar que los sentidos se fuguen, más allá de nuestros deseos, para que las palabras se arrojen a la existencia y, al fin, las registremos? Faltan 168 horas para que empiece el taller, aunque en realidad, como en la escritura, siempre tengo  la sensación de que no podemos anticiparnos. Es como intentar imponer un ritmo desanclado del paisaje, des-encuerpado.  Igual, a veces, siento que llego demorada, aunque esos paisajes se me anticipen mucho antes. Como si escribir requiriera de un gesto de valentía. Una escribe y, a la vez, la escritura nos moldea en el decir.    Hay algo del escribir que percibo como un arrojo, una forma de abismarme a lo que -todavía- resta por decir.   Algo comienza como resistencia a un tiempo hiperproductivista, robotizado. Se piensa e...