VIII



No sé por qué siempre me encantó subdividir así los textos. Creo que me genera proximidad con lo inconcluso, con que lo breve, aunque inacabado, puede ser hermoso y potente. No confío en que las cosas aparezcan armadas de una vez. Me parece más honesto decir que lo que escribimos, lo que pensamos, lo que hacemos, la mayoría de las veces, lo vamos haciendo. 

Me gusta la noción de composición. Componer a partir del desecho, del descarte, de los fragmentos, algo más. En eso coincido con María Pía López: hay que trabajar con los restos materiales, con eso que tenemos a disposición en el mundo y, desde allí, animarnos a componer otro. Pero qué difícil me resulta asumir el valor de lo que tengo para decir. 

Me gusta pensar en la escritura, en la vida, en las existencias que se componen desde las costuras.  ¿No es, incluso, más amable con nosotres mismes y con les otres asumir que nos conecta una inexorable fragilidad?

No me acuerdo ahora si fue Garcés o Haraway las que sembraron la idea de una continuidad enlazada en el tiempo a través de muchas manos, de muchos gestos, de muchas corporalidades e ideas. Yo tengo a mis nonos, a mi abuela, como un hilo invisible pero con una presencia arrolladora. 

Las cosas tienen un eco, pienso ahora mientras releo a Gloria Gervitz. "¿Y hacia dónde avanzo con el pie sobre el corazón?"

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