Diario del duelo

 Escribo con una mano arrancada a la infancia. 

Entro en la noche con las manos vacías. 

No tengo miedo, sé que estoy en un umbral. 

Escribo para llegar más rápido al silencio.

Vengo de morir dos veces. Irracional, como entrar en el territorio de la fiebre o del sueño. La luna, a medio camino se esconde tras la sombra indomable del sol. Permanezco cerquita de la ventana. Quiero escribir sobre este azul que tiñe todo lo que miro de nostalgia. Quiero descender sin olvidarme que el universo se mueve al ritmo del sonido. Que el silencio también es una forma de hacer lugar. Que lo que no nace, existe. Y que la luna, a veces, se camufla como un fantasma hasta desaparecer. 

¿Cómo se duela lo que no nació?


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