Cuidar lo fugaz bajo el sol
¿Cómo sería el mundo, nuestra vida, las horas de un sólo día, si pudiéramos tener a mano la certeza de que cada vida es frágil, única y no hay forma de compensarla? Es decir, que esto que tengo entre mis manos, este pequeño tiempo, es lo único que tengo.
No estamos hechos de certezas, aunque queramos inventarlas una y otra vez.
La única ineludible, la que nos liga irremediablemente a nuestra condición humana, se nos escapa.
Del blanco algodonado, sobre una nube, se ven las vidas con una mano en el corazón de la infancia. Louise Gluck dirá lo demás es memoria.
Clarice Lispector hará de la memoria la ocasión para crear la propia vida. Voy a crear lo que me pasó. No dice, voy a contar. No hace falta. Nadie cuenta lo que no crea.
A la vida la inventamos a cada paso, el corazón de mi niña, faro y centro.
Hace unos meses compartí con unos amiguis una relectura de la Ilíada y la Odisea. Nunca fui una lectora del canon. Es tan inmenso el universo de la lectura que allí donde algo no me hace temblar el pulso, no me detengo. La lectura y la escritura son espacios de exploración. No le rindo cuentas a nadie.
Si alguien quiere saber qué pienso de las cosas, encontrará en mi escritura una puerta.
Mi amigo Daniel dice que logró entrar a estos libros por una ventana. Y esa ventana fue la muerte. Cuidar lo fugaz bajo el sol, parece susurrarme el poeta peruano, José Watanabe. Y unos segundos después, Ama rápido, me dijo el sol.
La vida es frágil
Pero una vida por quebradiza que sea
no se puede reemplazar
es precaria y asombrosa
Cuidar lo fugaz bajo el sol
Ese es su esplendor: en lo frágil y fugaz está contenida toda su grandeza. El centro del dolor y del esplendor de la Ilíada es tanto más el reconocimiento de esa fugacidad que el heroísmo de la guerra. Cada cuerpo que cae, el poema responde la vida no puede reemplazarse.
Escribo esto y recibo un mensaje: el instituto está de luto. Se suicidó una estudiante.
Cuidar lo fugaz bajo el sol
¿Qué estamos haciendo con la vida?
¿qué estamos ofreciendo como adultos a les jóvenes?
Y me acordé de este poema Y qué pasa si hablo de la desesperación, de Ellen Bass que dejo grabado por si alguien quiere escucharlo entero.
Acá va un fragmento:
Capaz no te puedo ofrecer
nada que vos no me puedas ofrecer a mí,
pero qué tal si yo me quedaba en el medio del camino, con tiras
de corteza de árbol Manzanita tendidas como rollos rojos
y hojas de laurel dorado, linternas pequeñas
en la tarde sombría, y acunaba la desesperación
en mis brazos, como sostuve a mis propios bebés
al quedarse dormidos, cuando ya no había
una razón para sostenerlos, tan sollo
no quería soltarlos.
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