Pandemia
I Hace unos años, cuando internet empezó a ser pensado como parte de una infraestructura cotidiana, nuestra casa de la infancia apareció en los mapas. Es curioso cómo esa marca coincidió con el momento exacto en el que la casa dejó de existir. Todo alrededor permaneció exactamente igual que cuando lo dejamos: la cancha de fútbol, el mármol en la entrada de la casa de Goyo, el árbol en la vereda, casi cayéndose sobre el cordón, el limonero, como frontera entre la casa y el patio y el inconfundible canto del “bicho feo” a la hora de la siesta. Incluso yo, sigo mirando el naranjo del jardín con la esperanza y la convicción de que hoy sí, finalmente, tal vez la niña que fui se vuelva a sentir en casa. II ¿Dónde moran esas vidas, una vez que los espacios se deshabitan? III Mi abuelo, en sus últimos años de vida, empezó a hablar con sus 7 hermanos y con, Rosa, su mamá. Se reía con Juan. Se lamentaba por la forma en la que Juana había muerto, con un rosario en el respal...