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Cuidar lo fugaz bajo el sol

¿Cómo sería el mundo, nuestra vida, las horas de un sólo día, si pudiéramos tener a mano la certeza de que cada vida es frágil, única y no hay forma de compensarla? Es decir, que esto que tengo entre mis manos, este pequeño tiempo, es lo único que tengo. No estamos hechos de certezas, aunque queramos inventarlas una y otra vez.  La única ineludible, la que nos liga irremediablemente a nuestra condición humana, se nos escapa.  Del blanco algodonado, sobre una nube, se ven las vidas con  una mano en el corazón de la infancia. Louise Gluck dirá  lo demás es memoria. Clarice Lispector hará de la memoria la ocasión para  crear  la propia vida.  Voy a crear lo que me pasó . No dice, voy a contar. No hace falta. Nadie cuenta lo que no crea.  A la vida la inventamos a cada paso, el corazón de mi niña, faro y centro. Hace unos meses compartí con unos amiguis una relectura de la Ilíada y la Odisea.  Nunca fui una lectora del canon. Es tan inmenso el un...

Escritura caminante

  Una libreta pequeña que entre en cualquier bolsillo para que los versos se deslicen en ella  y reposen sin prisa. Una escritura silenciosa, inconexa, atenta a lo que pasa, mientras camino, destiendo la ropa, cocino.  El ritmo inclaudiclable  del día y de la noche marcan el ritmo: la brisa llega suave, despereza las palabras que ascienden como niebla desde el pico de los gorriones.  Murmuran los árboles su solidez de bosque.  Nada quiere ser más que pura atención y así aprendo a dejar crecer lo que miro.  Por eso e ntro a la escritura con los ojos cerrados. Y me dejo tocar por ella. 

Diario del duelo

 Escribo con una mano arrancada a la infancia.  Entro en la noche con las manos vacías.  No tengo miedo, sé que estoy en un umbral.  Escribo para llegar más rápido al silencio. Vengo de morir dos veces. Irracional, como entrar en el territorio de la fiebre o del sueño. La luna, a medio camino se esconde tras la sombra indomable del sol. Permanezco cerquita de la ventana. Quiero escribir sobre este azul que tiñe todo lo que miro de nostalgia. Quiero descender sin olvidarme que el universo se mueve al ritmo del sonido. Que el silencio también es una forma de hacer lugar. Que lo que no nace, existe. Y que la luna, a veces, se camufla como un fantasma hasta desaparecer.  ¿Cómo se duela lo que no nació?
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Toda la noche la muerte aparece toda la noche, como un río que murmura mece los sueños  dispersos como partículas el corazón tan rojo de amor mientras la ausencia, las desdichas heredadas pasan de largo, como nieblas que rozan -apenitas- la perlada piel. ¿Y después? La noche se deshace para que el tiempo vuelva a acurrucarse entre  mis manos, como un jardín que renace de las manos de mi abuela, para que la muerte mire desde adentro de un sueño y yo despierte intacta. 
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  Empieza como un jardín, el último de una serie de lugares escondidos . Pero avanza hasta convertirse en un sendero zigzagueante cada vez que el camino lo confunde y una raíz de árbol lo hace ir más profundo,  más adentro en la tierra. El río baja por la montaña de pronto ya es un bosque, con las luces de los pueblos titilando a la distancia el humo de algunas chimeneas esparciendo ese aroma a leña y casa el corazón de un país tan minúsculo y el otoño que nos mira desde las hojas.
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Justo ahora que el verano se asoma por la ventana y los pájaros elevan su canto al alba; que amanezco liviana y con sed como las plantas del jardín; que los árboles me proveen de alivio a la hora de la siesta, y que las rondas de mate en la vereda llegan un poco más tarde, yo me descalzo y me entrego a esta infancia que, incesantemente, regresa.

Mutación del espejo

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  amanezco en la apacible caricia del día que comienza el silencio de la casa a la hora en la que todo duerme, todavía algunos días sueño que es el viento quién me destiende de la cama y me impulsa como una hoja de otoño a dar el salto hacia la entrega. Otros, me veo azotada por tempestades y entonces algo susurra que la clave es dejarse caer. Me deslizo transmutada soy una babosa saliendo del capullo de la sábana sé adherirme a las diferentes texturas del mundo hasta cambiar de piel. Y mientras muto algo me recuerda que la respuesta a todo debiera ser tan simple como aprender a oír debajo del miedo: ¿te hace feliz? después de todo, la alquimia vive en la sangre.