Escritura caminante
Una libreta pequeña que entre en cualquier bolsillo para que los versos se deslicen en ella y reposen sin prisa.
Una escritura silenciosa, inconexa, atenta a lo que pasa, mientras camino, destiendo la ropa, cocino.
El ritmo inclaudiclable del día y de la noche marcan el ritmo: la brisa llega suave, despereza las palabras que ascienden como niebla desde el pico de los gorriones.
Murmuran los árboles su solidez de bosque.
Nada quiere ser más que pura atención y así aprendo a dejar crecer lo que miro.
Por eso entro a la escritura con los ojos cerrados. Y me dejo tocar por ella.
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