Justo ahora
que el verano se asoma
por la ventana
y los pájaros elevan su canto
al alba;
que amanezco
liviana y con sed
como las plantas del jardín;
que los árboles me proveen
de alivio a la hora de la siesta,
y que las rondas de mate en la vereda
llegan un poco más tarde,
yo me descalzo y me entrego
a esta infancia que, incesantemente, regresa.

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