En la siembra
esta especie de
bosque
que traigo acurrucado
desde la infancia
en el pliegue interno
de los ojos
cuando descanso el rostro
hacia la nada
y dejo que todo sea
sin más, lo que es,
antídoto ante el desconcierto
aquello que
no alcanzamos a ver
actúa
acariciando
las asperezas
hasta devenir
espejo de agua
la herida
se aquieta
el aire
deja entrar el mundo
mientras el cuerpo
se abre, al fin y
traduce lo que el poema
-todavía- calla.

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