Aprender a vivir en un mundo herido, como apuesta, tejido, imaginario compartido... Una de las cosas que más me conmueven de Donna es la capacidad de convocar y compartir invitaciones para pensar-con y desde lo compartido como una apuesta y, también, como un modo de interrumpir la "urgencia por resolver" que, a juzgar por los modos y los mundos actuales, adopta la forma de un atropello a la posibilidad del pensamiento. Garcés también trae algo parecido desde la filosofía de la educación: pareciera que las únicas (dos) variables que usualmente se contemplan en este mundo binario partido en dos, son o bien la ruina de un mundo caduco y herido o, su reverso, esas vacías promesas de salvación bajo la forma de la innovación educativa. De alguna manera, sostener(nos) en este mundo herido, con sus problemas, es una invitación a poner en el centro la fragilidad y precariedad compartida y nuestra dependencia mutua. No es poesía lo que digo. Es un modo más receptivo de vivir. "Viv...
¿Cómo sería el mundo, nuestra vida, las horas de un sólo día, si pudiéramos tener a mano la certeza de que cada vida es frágil, única y no hay forma de compensarla? Es decir, que esto que tengo entre mis manos, este pequeño tiempo, es lo único que tengo. No estamos hechos de certezas, aunque queramos inventarlas una y otra vez. La única ineludible, la que nos liga irremediablemente a nuestra condición humana, se nos escapa. Del blanco algodonado, sobre una nube, se ven las vidas con una mano en el corazón de la infancia. Louise Gluck dirá lo demás es memoria. Clarice Lispector hará de la memoria la ocasión para crear la propia vida. Voy a crear lo que me pasó . No dice, voy a contar. No hace falta. Nadie cuenta lo que no crea. A la vida la inventamos a cada paso, el corazón de mi niña, faro y centro. Hace unos meses compartí con unos amiguis una relectura de la Ilíada y la Odisea. Nunca fui una lectora del canon. Es tan inmenso el un...
Escribo con una mano arrancada a la infancia. Entro en la noche con las manos vacías. No tengo miedo, sé que estoy en un umbral. Escribo para llegar más rápido al silencio. Vengo de morir dos veces. Irracional, como entrar en el territorio de la fiebre o del sueño. La luna, a medio camino se esconde tras la sombra indomable del sol. Permanezco cerquita de la ventana. Quiero escribir sobre este azul que tiñe todo lo que miro de nostalgia. Quiero descender sin olvidarme que el universo se mueve al ritmo del sonido. Que el silencio también es una forma de hacer lugar. Que lo que no nace, existe. Y que la luna, a veces, se camufla como un fantasma hasta desaparecer. ¿Cómo se duela lo que no nació?
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