Las vidas, las tramas, las historias...

 


Querida Lu;

Hace unos días vi "Vidas Pasadas", la película de Celine Song.  Es una historia pequeña, profunda y preciosa. Me conmovió mucho. Hay algo de eso que no logra encontrar palabras, que vive en los gestos, en las miradas, en las formas en las que el cuerpo hace hablar todo eso que no tiene -y tal vez nunca tenga- una forma precisa de expresión, que me pareció precioso.

A Marina no le gustó. Para ella la película rondaba alrededor de una historia de amor. Y si bien es cierto, para mí es más una historia de desarraigo que de amor. Tal vez, se precise el contacto con algún amor que quedó trunco -como reflejo de vínculos que nos importan y no necesariamente hayan sido parejas- para dimensionar las historias que quedan como "escenas borradas", archivadas y no miradas de nuestra propia historia. 

Tal vez por haber cambiado mi vida radicalmente en la infancia, sentí próxima esa pregunta sobre las muchas vidas que podría haber tenido bajo el trillado "qué hubiera pasado sí...?

Casualmente, esta semana sentí un gran agradecimiento por existir. Algo de todo el trabajo que vengo haciendo alrededor de asumir el impostergable valor de que mi vida sea, en sí misma, una ofrenda de vida-muerte-vida, se asentó. Como todo en la vida, no supe la fuerza que estos procesos de siembra de luna que vengo haciendo con Paloma vienen tejiendo en mí, hasta que escribí: Es la primera vez que siento que estoy lista para encarnar mi destino. Siento la enorme responsabilidad de lo que precisa existir a través mío. 

Que las cosas decanten, decías el otro día, mi querida amiga Lu. 

Te escuchaba y pensaba cómo la intimidad es un resguardo tan sagrado y cuánto me asombró descubrir que nunca había pensado que tu malestar en este vivir entre lenguas,  podía venir de la mano de gente con tan poco tacto.

Me pensé en ese entorno y me hizo sentir esa soledad y esa herida.

Creo que esa capacidad de disfrute que venis laburando hace que también puedas ir encontrando gente, como el bicicletero o tu compañera, que alojen sensiblemente y con-tacto tu pertenencia a un espacio en el que elegís hoy como tu hogar. 


Entiendo que, cuando sacamos la cabeza de lo propio, nos enfrentamos con que pueda haber problemas más grandes, pero creo que en realidad lo jodido de cualquiera de esas circunstancias es que implican un modo de vivir la vida cotidiana -que en definitiva es, en esa sucesión de días, la vida que tenemos- que pueden implicar un esfuerzo ENORME para compensar ese impacto emocional. 


No sé, con los años fui entendiendo que en realidad el problema es que la energía que tenemos internamente no es infinita. Vos lo decías con el audio… menstruar implica un ir hacia adentro que requiere un contacto más amable con nosotras pero también con el mundo. 


Yo suelo aislarme bastante cuando no me siento bien y fui aprendiendo a abrirme incluso en el malestar. No lo hago siempre, no me lo demando ni me lo exijo. A veces me reparo yo misma porque no hay necesidad de que todo sea hacia el afuera. Me habito en el malestar y me parece un gran aprendizaje sostenerlo sin que eso implique “casarme” con ese estado o creer que  nunca más va a pasar.


Espero que hayas disfrutado mucho, mucho la compañía y la caminata de este día de sol primaveral.

Acá el otoño nos regaló ayer un día soñado. Hoy, como marcando la necesidad de volver al hogar, amanecimos con lluvia y frío. 

Seguramente, duerma la siesta mirando una película.


Para despedirme, quería dejarte este fragmento del poema de Irena Klepfisz en el que vengo pensando desde que empezamos a conversar sobre las lenguas.


Y nuestras lenguas se han quedado

Secas lo salvaje se

Ha secado en nuestras lenguas y 

Se nos ha olvidado hablar. 



Te abrazo!

Ana


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