Equinoccio de otoño






El aire mueve las hojas del otoño y, mientras me dejo conmover por su simpleza, agradezco ese guiño que augura que es tiempo para zambullirme tierra adentro. 

Voy hacia el reparo, el silencio, el retiro. 

Hace tiempo que siento que tengo un corazón de otoño. Sus colores me producen una felicidad suave, calidez mullida que es abrigo para toda siembra. 

La poesía resuena en todo lo que me rodea. 

Cuánta sabiduría, la de las hojas, que saben con precisión cuándo es tiempo de cambiar de tono y cuándo dejarse caer, danzando, hasta ser una ofrenda para el mundo. 

Cada otoño me regala la inigualable fuerza de poder elegir la vida, aunque todo parezca sumergirme en la fractura. 

Gracias por el ritmo acompasado entre el sol, que nos invita a desperezarnos de a poco y, el tributo nocturno a nuestra abuela luna, tejedora de historias que nos dan cobijo. 

Hoy evoqué a mis bisabueles y sentí que elles, también, habitan la majestuosa presencia del adentro.

¿Qué hay más sagrado que estar disponibles para que nuestra vida se trame en ecosistemas que honran el proceso, esa vida-muerte-vida incesante?



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Donna Haraway: cuentos para la supervivencia terrenal.

Cuidar lo fugaz bajo el sol

Diario del duelo