1er amasado

 



Estoy en un río. 

Me siento feliz. Y a la vez, intento esconderme bajo el agua.

¿A quién sirve, todavía hoy, mi disvalor?

¿A la sombra de qué tiranos me coloco con tal de no asumir el valor y correr el riesgo colectivo de mi singularidad?

A esta altura ya sé que lo que aporto se gesta en la intimidad como recurso porque desde allí alumbro tramas, fragmentos, conversaciones, vidas, escuchas, creaciones y experiencias que sirven de mapa y orientación para otres. 

¿Por qué no pensar lo público como la potencia de compartir lo que se gesta en espacios cuidados e íntimos?

Nutrir, proteger y cuidar es parte de mi raíz. 

¿Qué autoridades precisan revisión para que pueda sentir el permiso de actuar y participar del mundo. 

Me desprendo de la herida de la insuficiencia, entramada con la del disvalor. 

Mis ideas no son suficientes.

Mis visiones no son suficientes.

Mi cuerpo no es suficientemente bello.

Mis palabras no son lo suficientemente académicas porque precisan digestión y cuerpo. Ser encuerpadas. ¿Qué valor tienen sino?

Me repugno a mi misma como otros me repugnaron.

Me sostengo presente.

Me duele la cabeza

¿La cabeza de quién cargo? ¿Qué autoridad se desprende?

Esa que armamos en la frontera del abandono, del exilio, del no

 

¿Quién define la suficiencia?

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Donna Haraway: cuentos para la supervivencia terrenal.

Cuidar lo fugaz bajo el sol

Diario del duelo