¿Cómo sería el mundo, nuestra vida, las horas de un sólo día, si pudiéramos tener a mano la certeza de que cada vida es frágil, única y no hay forma de compensarla? Es decir, que esto que tengo entre mis manos, este pequeño tiempo, es lo único que tengo. No estamos hechos de certezas, aunque queramos inventarlas una y otra vez. La única ineludible, la que nos liga irremediablemente a nuestra condición humana, se nos escapa. Del blanco algodonado, sobre una nube, se ven las vidas con una mano en el corazón de la infancia. Louise Gluck dirá lo demás es memoria. Clarice Lispector hará de la memoria la ocasión para crear la propia vida. Voy a crear lo que me pasó . No dice, voy a contar. No hace falta. Nadie cuenta lo que no crea. A la vida la inventamos a cada paso, el corazón de mi niña, faro y centro. Hace unos meses compartí con unos amiguis una relectura de la Ilíada y la Odisea. Nunca fui una lectora del canon. Es tan inmenso el un...
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