Desanidar la herida


 
A veces a estas incomodidades, a esto que se anuda en el pecho, le permito moverse a partir de los sonidos. Me doy cuenta que el cuerpo nuevamente me obliga a aprender a partir de otras coordenadas. No toda comprensión es primero una idea: a veces es un pálpito, una quietud, un rastro que nos sostiene, casi sin pensamientos, en la absoluta presencia de lo que acontece. Siento entonces la liviandad de dejar de sostener el pecho duro entre tanta pérdida, de ablandar a través del gesto mínimo, no la carga, sino la resistencia.

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