Apuntes para un tiempo caótico.


He construido un jardín como quien hace

los gestos correctos en el lugar errado.

Errado, no de error, sino de lugar otro,

 como hablar con el reflejo del espejo

y no con quien se mira en él.

Diana Bellessi



Desde que Diana Bellessi construyó un jardín, una biodiversidad de imágenes, especies, sonidos, plantas y lenguajes, me acompañan desafiando la hiper-exigencia de los “deberes seres”, anteponiendo ese gesto de apertura frente a lo que ignoro, permitiéndome el goce de descubrir eso que, de alguna manera y aunque se insista en obscurecerlo, pertenece. La pertenencia en este caso, no deriva de lo privativo, sino de encontrar un espacio que nos arrope en él para dejar(nos) ser.

               Encontré a la PyES más como vértigo que como verbo, parafraseando a Pizarnik y pienso que esta huella errática y vagabunda, de dejar ser lo educativo desde coordenadas pedagógicas más amplias, puede ser hoy un espacio desde el que dislocar las instituciones e interrogar los sentidos instituidos sobre lo educativo desde nuestras prácticas pedagógicas y, también, desde un saber derivado de él.

Bimodalidad e interseccionalidad: domesticidad pedagógica.

               La educación en tiempos de excepción nos obligó a este doble juego de pérdida y apertura: perdimos la intimidad del despliegue de un tiempo y de un espacio específico para el encuentro y la labor pedagógica y, en simultáneo, abrimos la intimidad de nuestros hogares para poder acceder y/o garantizar el acceso y la continuidad pedagógica. Por la fuerza que adoptan los feminismos en sus múltiples expresiones, desde geografías y experiencias diversas, a este contexto excepcional de ser docente, se le agregó como una parte indisociable mujer, madre y disidencia, para nombrar las múltiples labores coexistentes y las implicancias y profundización en materia de desigualdad. No deja de alegrarme que podamos pasar, en tan pocos años, de una profesión percibida desde el estereotipo de maestra-cuidadora-madre a una lectura feminista de la formación y de la práctica.

¿Qué otras cosas inesperadas reclamaron su apertura que se volvió necesario responder desde el recrudecimiento de una política educativa verticalista y autoritaria? ¿Qué tramas de afectaciones y calidez (tejidas desde la excepcionalidad, creatividad e incomodidad compartida) buscan congelar en un espacio sin puertas ni ventanas para palear el invierno educativo?

Me pregunto entonces, ¿qué desvíos imprevistos socavan a este patriarca malhechor que insiste en reparir un Frankestein Educativo? ¿qué errores nos permiten trazar nuevas cartografías sobre lo que deseamos en materia educativa? ¿Qué hilos se desprenden de sentir, pensar e intuir nuestro quehacer cotidiano y reclaman nuestra atención?

Hablo de hilos porque mi abuela me enseñó a enhebrar usando apoyos imprevistos para compensar mi miopía y, casi 30 años después, un antropólogo imprimió en ese recuerdo el contexto de la ternura: las cosas están vivas porque se filtran. Es decir, existimos también en lo imprevisto o, dicho de otra manera y desde un punto de vista menos humanocéntrico, “las cosas” nos guían hacia formas de vida que no imaginábamos posibles. 

Creo que los hilos son sensaciones que también podemos rastrear: hacemos síntoma de lo que no podemos digerir, sentimos destellos de calesitas con sortijas en el pecho, mascullamos y apretamos los dientes ante la rabia. Otras, los hilos son enunciaciones breves, un tema, una pregunta, una palabra que podemos, también, interrogar. Interrogamos desde la disponibilidad.

           No volvamos a dejar a nuestros cuerpos separados de nuestras pedagogías. Que el goce y el deseo también sean variables que ponderamos desde nuestros cuerpos políticos. Que no nos adormezcan las programaciones emocionales porque precisamos abismarnos en las arenas movedizas aprendiendo a respirar horizontalmente, con todo el cuerpo, para no hundirnos. 


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