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Mostrando las entradas de febrero, 2021

La parábola imaginal

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Juarroz, ese poeta que quiero tanto, escribió que la palabra es un modo de que el mundo diga mundo, la posibilidad de que el mundo diga a les humanes. "La palabra: ese cuerpo hacia todo. La palabra: esos ojos abiertos.". Tenía pocos años cuando lo leí por primera vez y, al día de hoy, vivo esa poesía vertical como una invitación al juego. La palabra es para mí un conjuro, una búsqueda, una forma de sostenerme en mí, de encontrar lo propio en esa vastedad que es el lenguaje y que otres me han legado pero también aprender a ir más allá de mí misma y hacer cuerpo de nuevas posibilidades.   Pienso mucho en dejarme conducir por ese impulso; seguirles el rastro, dejar que se digan de otro modo o revelen su significado oculto. Ingold, un antropologo que me gusta mucho, decía que las cosas están vivas porque se filtran. Me gusta pensar a las palabras a partir de esa lente.  Roma es Amor, ramo y también nombre propio cuando encuerpa a Omar. ¿Cuánto del mundo crean y expresan 4 letra...

Esbozos a la hora de la siesta

El otro día una amiga me decía que había maldad en el mundo. Y me acordé de la banalidad del mal de Arendt: el mal en sí mismo, como un monstruo gigante que viene a amedrentarnos no existe. Es construido cuando no interrogamos lo que hacemos. Y es tan cotidiano como banal. Por ejemplo, nadie piensa que quienes apoyan la reapertura y regreso a la presencialidad quieren arriesgar la vida de otro ser humano. Los equipos de conducción no quieren deliberadamente  enfermar a toda la comunidad educativa (aunque el impacto sería para el conjunto de la sociedad). No obstante, no tienen opción. Ejecutan una orden porque una supervisión escolar, que a su vez es amedrentada por alguien superior, así lo establece. En simultáneo, las redes y los medios nos regalan hashtags y declaraciones que, a la par que posicionan un tema como urgente y prioritario, invisibilizan otros: #Cuidarte es cuidarnos. #Nos seguimos cuidando. #PrioridadEducación. #CreátuFuturo. #EducarEsAcompañar. #SinEducaciónNoH...

De la tabula rasa a la programación emocional

                  Gran parte del 2020 viví la insistencia de abrir las escuelas a cualquier costo como un gesto perverso, una versión moderna darwiniana del “sálvese quién pueda” pero cambiando pueda por quién tenga los recursos para hacerlo , un auténtico genocidio legitimado, mediática y hegemónicamente justificado. La resignación a la que nos acostumbramos me hiere y me repugna. Decimos todes, repetimos y nos amparamos en “los derechos”, pero resignamos a las minorías como efectos colaterales. Le ponemos nombres que, más o menos, se emparentan con ese otro determinismo inamovible y dormimos tranquiles creyendo que no tenemos nada que ver con la perversión del mundo.   Hay gestos que educan en términos morales, éticos, políticos. ¿Qué enseñamos cada vez que nos resignamos al todes como punto de partida?   Básicamente que no tenemos nada que ver con algunas esferas y porciones de nuestro mundo, que no tenemos poder suficiente pa...

El potencial perdido

Marina Garcés señala, con bastante precisión, que la práctica más antigua que compartimos como humanidad es la educación. Y es anterior, incluso, a esto que les educadores solemos situar con el advenimiento del Estado Nación, porque la mueve nuestra incapacidad de saber sobrevivir y con-vivir. La vigencia de esta afirmación en estas últimas décadas, pero, sobre todo, en esta pandemia son innegables. Si educar es una práctica que supone aprender juntes a vivir, aunque no podamos dar por sentado los aprendizajes, ¿qué priorizamos en este recomenzar?                 Las demandas del regreso a clase auguraban, por supuesto, que no se volvía a las escuelas. Y parecía que ese “no volver” era un pálpito, pero también, un capricho arbitrario, parte de un plan maléfico contra las infancias y juventudes [i] , incluso cuando las infancias y juventudes siguieron, técnicamente, siendo educadas a lo largo del 2020.   El...