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Mostrando las entradas de marzo, 2024

Explorar el sostén

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Equinoccio de otoño

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El aire mueve las hojas del otoño y, mientras me dejo conmover por su simpleza, agradezco ese guiño que augura que es tiempo para zambullirme tierra adentro.  Voy hacia el reparo, el silencio, el retiro.  Hace tiempo que siento que tengo un corazón de otoño. Sus colores me producen una felicidad suave, calidez mullida que es abrigo para toda siembra.  La poesía resuena en todo lo que me rodea.  Cuánta sabiduría, la de las hojas, que saben con precisión cuándo es tiempo de cambiar de tono y cuándo dejarse caer, danzando, hasta ser una ofrenda para el mundo.  Cada otoño me regala la inigualable fuerza de poder elegir la vida, aunque todo parezca sumergirme en la fractura.  Gracias por el ritmo acompasado entre el sol, que nos invita a desperezarnos de a poco y, el tributo nocturno a nuestra abuela luna, tejedora de historias que nos dan cobijo.  Hoy evoqué a mis  bisabueles y sentí que elles, también, habitan la majestuosa presencia del adentro. ¿Qu...

La pequeña voz del mundo

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Nunca la vida ocurre como la recordamos y, a la vez, allí se teje la trama que nos sostiene. Las historias tienen vida, urdimbre de memorias movidas piel adentro por cada uno de nuestros sentidos. Somos lo que nos afecta y a lo que afectamos, los aromas que nos hacen de puente y caricia, eso que contactamos y nos contacta, aunque todo el tiempo, sobre todo en esta época, tengamos la sensación de una inminente fractura.  Todo está a punto de romperse y, sin embargo, la vida transcurre en una silenciosa compañía: la lluvia, los árboles, las nubes, la luna con sus incesantes y ancestrales ciclos, la miopía y la falta de nitidez como potencia de toda fuga.  Tener lo que se tiene en cada momento, en contra de la acumulación y a favor de rescatar eso que Bellessi llama "la pequeña voz del mundo". Épica del instante, de lo mínimo, de lo inútil y del silencio que también nos hace ver, de otro modo, nuestra dicha.

Refugio

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  Tallar refugios tierra adentro. Llena de viento, me sacudo, soy un bosque y un corazón  habito el silencio de los gestos.

Madre

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  Mi mamá me cuenta historias con las manos para que duerma tranquila. Separa las hojas  cosechadas de su huerta,  dejando los tallos como testigos de todo aquello que no es posible remendar. Teje tramas  El hilo, sin embargo, habita  el borde  inconmensurable de la noche  que disuelve toda rotura para entrar, ya entera, al sueño. 

Eli

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Cuando era chica pensaba que trabajar la tierra era un trabajo duro. Todos los días, a la caída del sol veía a mi mamá  en un rincón del campo, llorando. Migré a Argentina desde Lima  y aunque mi casa no tenía ventanas y no le entraba la luz, nunca dejé de tener plantas. Hace unos años, logré construir  una vivera,  un pequeño gesto para sembrar salud y que las frutas, las aromáticas y las hortalizas pudieran recuperar el aroma y el sabor de la infancia. Volver a poner  las manos en la tierra me devolvió saberes olvidados y me hizo comprender que la tierra no era motivo de tristeza de mi madre, sino que en ella  encontraba una amiga para compartir todo ese  mundo que le dolía.