En el umbral
Habitar los umbrales, esos territorios fronterizos, los espacios intersticiales donde el misterio acontece.
Los umbrales, nos demandan aprender sobre la entrega y el arrojarnos a lo indefinido. Por eso, además de incómodo, ofrece siempre una revelación. Como escribió Pizarnik:
las palabras son claves, son llaves.
(...)
Que tu cuerpo sea siempre
un amado espacio de revelaciones.
Todo umbral deja en el cuerpo la marca de haber permanecido allí donde no se esperaba que sobreviviéramos. Qué regalo.
Pienso en Letanía de Supervivencia, de Audre Lorde:
Para aquellas personas que vivimos en la orilla
sobre el filo constante de la decisión,
cruciales y solas,
para quienes no podemos abandonarnos
al sueño de la elección,
quienes amamos en los umbrales,
mientras vamos y volvemos,
en las horas entre amaneceres,
mirando hacia dentro y hacia fuera,
al tiempo antes y después,
buscando un ahora que pueda alimentar
futuros,
como pan en la boca de las niñas y niños,
para que sus sueños no reflejen
la muerte de los nuestros:
Para nosotras las personas
que fuimos marcadas por la impronta del miedo,
esa línea leve en el centro de nuestras frentes
de cuando aprendimos a temer mientras mamábamos
que con este arma,
esta ilusión de que pudiera existir un lugar seguro,
los pies de plomo esperaban silenciarnos.
Para todas nosotras,
este instante y este triunfo:
supuestamente, no íbamos a sobrevivir.
Y cuando el sol amanece tememos
que no permanezca en el cielo,
cuando el sol se pone tememos
que no vuelva a salir al alba,
cuando el estómago está lleno tememos
el empacho,
cuando está vacío tememos
no volver a comer jamás,
cuando nos aman tememos
que el amor desapareza,
cuando estamos en soledad tememos
no volver a encontrar el amor,
y cuando hablamos
tememos que nuestras palabras
no sean escuchadas
ni bienvenidas,
pero cuando callamos
seguimos teniendo miedo.
Por eso, es mejor hablar
recordando que
supuestamente, no íbamos a sobrevivir.
La vida y la perspectiva habitada en los pliegues, en los bordes, en los contornos y reversos no suelen ser las del mundo. Sin embargo, para quienes no podemos más que concedernos el riesgo de sostenernos, aún con miedo, en la expresión genuina de la vida que somos y de los espacios íntimos e internos en donde lo vital acontece, esto un regalo. Un umbral habilita la posibilidad de recordar/imaginar/crear y recrear eso que, al parecer, no debería existir.
Pienso a veces que quien habita estos espacios, recuerda en nombre de todes, que la vida también se trama en lo imprevisto.

Comentarios
Publicar un comentario