Siempre me encantó la quietud que precede al silencio. Nuestra historia, sin embargo, enseña que hay un tipo de silencio, un mutismo más bien, que deriva del miedo heredado, del horror, del peligro. Romper el silencio, ese gesto que le hace espacio a la pregunta, a lo que no cierra, a lo que nos incomoda internamente puede ser tanto un acto de reparación como una inminente forma de desaparecer. Cada tanto, la memoria traiciona, ¿pero cómo traicionamos la obediencia de un silencio que no nos pertenece? II El sonido de un nombre es un poderoso acto de resistencia, una materialidad que adopta la memoria, para no dejar que la ausencia lo tiña todo de espanto.